La ambición no se ahorca con las sogas, no se mata con la muerte. El rey de Siam a algunos súbditos y aristócratas que no le hacían gracia por sus acciones, les regalaba un elefante blanco; un ser sagrado en los tiempo de la antigua Tailandia, que debía ser venerado y cuidado con los mayores cuidados. Este Elefante no podía ser usado con fines laborales y por esa razón su utilidad solo era la de ser venerado y alimentado. El fin de este obsequio era hacer caer en banca rota a quien lo tuviera.

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